miércoles, 30 de marzo de 2016

De lejos los paisajes hilvanados se ven mejor


Foto: Roberta Basic y Emérita Cuéllar.






Tomar distancia para redescubrir los hechos, las transformaciones sociales y los logros de nuestras sociedades, es un buen ejercicio.


Nuevamente desde el País Vasco en España es cuando redescubro los avances y logros que se van entretejiendo por toda Colombia. Es probable que sean las estribaciones y las elevaciones de montañas derivadas de los tres ramales principales en los que se divide la cordillera de los Andes en Colombia, lo que nos impida ver cuanto ocurre en cada una de las regiones naturales. Los paisajes, los sucesos y los progresos colectivos son distintos, sin embargo el no conocer esto último ralentiza y baja el impacto a los progresos, a tal punto de que se impide generar cambios sociales importantes.

Ejemplo de lo anterior, son las formas creativas y novedosas con las que cientos de organizaciones de mujeres vienen empoderándose para trabajar por la equidad entre hombres y mujeres en busca de acabar la violencia sexista, ideas que no llegan a ser conocidas ni por la sociedad, ni por las organizaciones de mujeres. Si se conocieran, probablemente contribuirían a mejorar el desarrollo de los procesos a lo largo del país. 

Por esto veo necesario dar a conocer expresiones creativas con las cuales muchas mujeres están plasmando la memoria histórica de sus regiones. No se logran cambiar las estructuras si no se conocen, por eso mientras esto ocurre, se pueden adaptar las formas de comunicar para contribuir a mejorar la calidad de vida. 
Sin palabras y a través del arte de hilvanar en una tela miles de mujeres llamadas arpilleristas están por el mundo contando los sucesos de violencia que han tenido que vivir o que les han contado sus padres y madres, entre ellas, las de la Asociación Mujeres Tejiendo Sueños y Sabores de Paz, de la región de los Montes de María en el departamento de Bolívar en Colombia, ganadoras del Premio Nacional de Paz en el 2015. 

Es triste, la noticia tuvo impacto a nivel del país, sin embargo no ha llegado el mensaje de su especial y novedosa forma de comunicar. Las arpilleras son textiles tridimensionales latinoamericanos que nacieron en Chile. La arpillera (tela gruesa hecha de cáñamo o yute) da nombre a este tipo de tapiz que se ha convertido en una herramienta donde cientos de mujeres dejan escuchar sus voces. Con sus manos y apoyadas en retazos de telas no sólo denuncian, sino que les permite sanar y perdonar.

No todas las personas tenemos que expresar e informar por el mismo canal, no obstante, el conocer y aprender nuevas técnicas para comunicar, contribuirá al empoderamiento de miles de mujeres víctimas de violencia a lo largo de la geografía, que no saben cómo denunciar sin poner en riesgo sus vidas y las de sus familias. El arte contribuye a la no violencia y se puede denunciar desde él, se puede visibilizar lo invisible con una aguja, un retazo, un hilo y unas tijeras. No se debe ser experta o experto, es hacer muñecos y luego construir las historias. 

Mujeres sencillas y cálidas como Roberta Bacic, Ana Zlatkes y Pamela Luke, van dejando por el mundo no sólo sus experiencias personales, sino también la semilla de la técnica de arpillera, donde se crean espacios de escucha, expresión y nuevas amistades para gente de toda profesión y todo nivel académico. 


Al final mis historias pertenecen a las historias de las sociedades en las que he vivido, eso construye y transforma, por eso es importante plasmar con alguna técnica de comunicación o expresión mis vivencias. Un dato, un acto y un reto que pueden ayudar para avanzar en la igualdad.   

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