martes, 10 de abril de 2018

Un pasito pa´lante



El 10 de abril de 2018 será un día significativo a marcar en el calendario mundial para el movimiento feminista. La Real Academia Española (RAE) sorprende al mundo dando un significativo paso a favor de la igualdad entre hombres y mujeres al integrar a su enciclopedia, una lista de 14 palabras, un término en el que se incorpora la perspectiva de género en el lenguaje. Esta es una palabra que abre una inmensa puerta que parecía cerrada a la lucha feminista.

Según un dato publicado por el Instituto Cervantes de España[1]hay 572 millones de personas hispanohablantes, la segunda lengua materna en el mundo por número de personas usuarias, que a partir de la fecha van a poder utilizar –si así lo desean- la palabra “lideresaporque el sufijo esa para formar femeninos es válido en español, con toda legitimidad de no estar incurriendo en un error ortográfico, aunque lo realmente importante es que se da –un pasito pa´lante- hacia la visibilización de las 3.767 millones de mujeres que vivimos en el globo terráqueo de acuerdo a cifras del Banco Mundial. 

Específicamente, es un reconocimiento a las miles de mujeres lideresas que se han empoderado para luchar junto a sus comunidades por sus ideales políticos, económicos, culturales, ambientales, sociales o feministas, derivados de la injusticia social a lo largo y ancho del planeta.

Es un avance, y se debe reconocer como tal. Es una pequeña aunque relevante conquista del movimiento feminista, la respuesta por parte de una de las instituciones más conservadoras –la REA- a una de las reivindicaciones históricas de las mujeres organizadas. 

Sin embargo queda mucho por hacer, la verdadera inclusión de la perspectiva de género en el lenguaje apenas ha empezado, por tanto, se requiere del compromiso e implicación de toda la sociedad para informarse, dialogar y cuestionar el modelo patriarcal hegemónico que continúa condenado a las mujeres a su invisibilidad, al espacio privado.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Nadando entre el feminismo


Colores, olores, sabores, sentimientos, emociones, ilusiones, disgustos, debates, denuncias, tristezas, alegrías, encuentros, abrazos, besos, entre otras, pueden ser palabras con las que se describa la experiencia al participar en asambleas de la Asociación de Bizkaia Mujeres del Mundo Babel.  Quizá, como ilustradora, lograra visualizar este espacio tan excepcional e importante a través de una imagen que resulte de la composición de líneas, puntos, formas, texturas y colores.

Sin embargo, con ninguna de las dos opciones me es posible personificar la evolución física y psicológica de cada una de las mujeres que participan en las comisiones y asambleas de Babel.

No obstante, conviene contar algo de lo que se observa en este paisaje rico y poderoso, creado a pulso por mujeres que van y vienen, dejando su saber, inconformismo y rebeldía, intentando aportar para darle la vuelta a la desigualdad que persiste de generación en generación, pese a la formación e información aprendida y analizada, como bien subrayó Kate Millett (1970), una de tantas mujeres que han dejado huella en el feminismo: “El patriarcado, ni los papeles y posiciones sociales derivan de la naturaleza humana, el origen del patriarcado sería histórico y cultural”. 

Mujeres del Mundo, no es sólo un piso bajo en la calle Fika número 5 de Bilbao, es un mar donde se puede bucear para entrar en la inmensidad del feminismo. Una organización que propicia el traspaso de aprendizajes entre mujeres de los cinco continentes, permitiendo que surjan herramientas que les facilite su empoderamiento para reencauzar sus vidas y ser más felices. Es una cuestión maravillosa, a la mujer que participa en las asambleas, tras algunas reuniones, le aflora su voz y habla más alto, expone propuestas creativas argumentadas, o manifiesta su inconformismo sobre lo que no comparte, además deja el espacio para debates en contra y a favor de sus ideas. 

Mujeres de todas las edades, profesionales de diferentes campos o ámbitos, profesoras de universidad, trabajadoras de servicios sociales, de cuidados, de limpieza o de servicio doméstico, estudiantes de postgrados y jubiladas. Todas valen allí, todas son igual de importantes, todas aportan desde lo que mejor saben hacer. También bailan, aplauden, meditan, lloran, hacen talleres, cantan y comen. La pluralidad permite el trabajo amplio y democrático, no existe imposición filosófica, política, cultural o religiosa. El vínculo común, ser mujer libre pensadora.

Un Abanico de colores, mujeres del mundo sistematizando, aprendemos (2006), como dice el título de una de sus publicaciones. Sí, en Mujeres del Mundo también se escribe y publica: sobre los talleres y actividades que realizan, denuncias y reivindicaciones políticas de nivel local e internacional, leyes, poesía y música. Revistas y libros en los que se va plasmando la memoria histórica de una de las organizaciones de mujeres de Bizkaia más completas, donde se aprende a nadar entre el feminismo que resulta aún molesto en muchos espacios, pero que construye y transforma para la sana convivencia entre hombres y mujeres.

Ésta no es sólo una nota para leer, es la invitación abierta a las instituciones públicas y privadas para que apoyen un proceso amplio y potente donde nacen y se defienden ideas a partir de la igualdad dentro de un espacio de libertad y diversidad.

Asimismo, es una invitación a las mujeres que quieran crecer de manera autónoma al lado de las mil y una posibilidades que ofrece Mujeres del Mundo – Babel-.




jueves, 16 de junio de 2016

Quitar poder al patriarcado a que decida sobre mi cuerpo



Sin ser inquieta literariamente, a mis 14 años leí a Oriana Fallaci. El libro “Carta a un niño que nunca nació” fue mi primera aproximación al feminismo. En ese período no razonaba muchas cosas, sin embargo me quedó claro, que si un día me embarazaba, valoraría aspectos positivos y negativos antes de traer al mundo a una nueva persona. -Que inocente- no dimensionaba lo que ese pensamiento tan propio y respetable significa en la vida de las mujeres. No es sólo en lo individual, familiar, religioso y cultural, sino también en lo complejo que resulta plantearlo a nivel institucional y legislativo. 
Tres décadas después volví a tropezar con el tema, esta vez con Florence Thomas en su libro “Había que decirlo”. Me encontré que estaba alejada de la realidad al pensar que podía decidir sobre mi cuerpo, en un país donde ni siquiera el embarazo producto de la violencia sexual ejercida por un padre a su hija menor de 13 años, comprobada, es motivo suficiente para practicar un aborto. Decir en Latinoamérica voy a abortar, o lo que es los mismo, interrumpir voluntariamente un embarazo, no sólo es ser pecadora, lo que asumes es un sinfín de obstáculos y discriminaciones que impone el patriarcado estructural a las mujeres. 

Da la sensación de que la despenalización del aborto, aunque falta mucho más, ha avanzado en varios países del mundo, a pesar de ello, resultan peligrosas amenazas las situaciones que se siguen presentando. Ejemplo de ello la crisis presentada en un país progresista como España, que en el 2013 se amenazó rebajar derechos aprobados en la Ley del aborto del 2010. 

En los países de Latinoamérica donde está aprobado, además se suman sendos procedimientos de una burocracia descomunal, donde se aprueba o desaprueban los derechos de las mujeres sin tener en cuenta sentimientos, emociones, proyecciones, necesidades o simplemente sus circunstancias particulares.

En Colombia el 10 de mayo de éste año, se han conmemorado 10 años de creación de la Ley del aborto, en los tres supuestos: malformación del feto, embarazo producto de violación, o cuando peligra la vida de la madre. Es irónico porque mientras se demuestran estos supuestos, que no resulta fácil, la mujer debe seguir su proceso de embarazo sean cualesquiera sus circunstancias, y además enfrentarse a señores ginecólogos que las tratan como asesinas o irresponsables, o incluso prostitutas. Por ejemplo, no se entiende como una mujer a punto de iniciar la interrupción de su embarazo es atendida y despreciada por un ginecólogo que se declara impedido a practicar un aborto, su acogimiento a la objeción de conciencia resulta una bofetada a la integridad de una mujer en un momento como ese. 


No queda duda que los avances en Colombia son insuficientes, se necesitan más acciones para seguir profundizando la reivindicación de articular y hacer efectiva la Ley con la realidad en las instituciones, para fortalecer lo que existe agilizando los procedimientos y lograr ampliar los supuestos de abortos hasta alcanzar el derecho individual de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.